23/10/15

Cartas (pensamiento)



Revisando una vieja caja llena de recuerdos me di cuenta de que las cartas, esas que vinieron alguna vez de mis seres queridos o familiares a los que ya no frecuento más, tan sólo tenían un valor y significado para mí si provenían de alguien  a quien actualmente sigo apreciando y queriendo.

Pronto me di cuenta de esas cartas que ahora no son más que inutiles pues están compuestas de palabras y promesas jamás cumplidas que algunas personas me habían hecho años atrás, cuando yo suponía ser alguien "importante" para ellos.

Anteriormente yo guardaba cada carta y cada pequeño detalle que alguien me daba, pero con el pasar del tiempo estas cosas fueron perdiendo su valor debido a que aquellas personas también lo habían hecho o se habían ido. Es como si en realidad la emoción y ese gusto que me daba por recibir sus cartas o detallitos era simplemente por la persona que me los daba antes que por el contenido.

Y de verdad adoro recibir cartas, más si provienen de quienes son verdaderamente especiales o importantes para mí, no me mal interpreten, pero hace muchísimo tiempo que no recibo una de alguien especial y aunque no la espero con determinadas ansias, sé que me pondría feliz recibirla, pues esa carta adquiriría un valor especial según la persona que me la haya dado o el motivo de esta...

Sin embargo, pese a todo lo que ya mencioné, una vez recibí una carta hermosa, de alguien que no conozco ni me conocía, por lo que no podía ser alguien especial para mí, y pese a ello, su carta me sacó lágrimas por lo conmovedora que me parecía...
Se trataba de una niña de escasos recursos a quién yo le doné un regalo, algo que solía ser muy especial para mí. Se trataba de un joyero que había adquirido en un viaje a Disneylandia cuando era pequeña, obviamente, éste joyero tenía un diseño infantil, precisamente porque era para niñas.
Con el tiempo, yo crecí y me sentí aniñada con la cajita joyera, por lo que decidí regalarla, asegurandome con un buen intermediario de que la recibiera alguien más que pudiera apreciarla, cuidarla y que de verdad le gustara. Fue así como llegó a manos de esa niña. En su carta me indicaba cuán agradecida y feliz estaba por el regalo, entre otras cosas.
Y estoy segura, de que pese a que jamás conocí a esta niña, conservaré por siempre su cartita, porque para mí adquirió un valor y un significado especial.


Hoy, tengo una caja llena de cartas viejas, dibujos y recados de los cuales, creo que francamente puedo decir que si me doy la tarea de dejar en ella sólo las cartas y los detalles pequeños que contengan un verdadero  valor, dejaría la caja casi vacía, pues sólo se quedaría lo que sí importa.


En fin, hoy sólo tenía ganas de escribir algo distinto, y sé que posiblemente hay quiénes estén en desacuerdo conmigo pues conozco gente que guarda específicamente todo, pese a que tantas personas han entrado y salido de sus vidas, así como también conozco a quiénes no guardan nada, o quiénes son como yo y que han decidido finalmente quedarse sólo con lo que realmente importa.

19/10/15

Adoro



Adoro divagar con mis dedos sobre la tierna curvatura que se forma en tu sonrisa y en medio de un beso, sentirte, probarte, tenerte, ya sea en el día, por la noche, o durante nuestras tardes perezosas.
El olor de tu cuerpo, la sombra de tus manos, la distancia que se forma entre nuestras pupilas al encontrarse y perderse efímeramente. El placer que me provoca desnudar tu piel, tocarla y sentirla con estas manos libres, con la punta de mis dedos o mi lengua, dibujar astros entre tus lunares, rasgar tu piel, besarla y estremecerte entero.

13/10/15

Confesión

Tengo una especial afición por escribir sobre el desamor, aunque no padezca más de sus amargas mieles. No me lo tomes a mal y que no te sorprenda, porque también escribo para ti y sobre lo boba que me pones cuando estoy contigo.
Esto del desamor comenzó en realidad ya hace tiempo pues suelo hablar sobre musas de las cuales a veces ni siquiera existen fuera de mi imaginación, más te dejo en claro que jamás ninguna de ellas se compara a lo que tú significas para mí.

Escribo sobre historias que jamás me sucedieron con personas a las que jamás conocí, en lugares a los que nunca fui. Hablo de amores que nunca he tenido, de las bocas a las que jamás he besado, quizá incluso alguna vez caigo en la perversión de las letras.

Pero a diferencia de lo que le escribo a mis otras musas, yo te escribo a ti con sentimientos completamente reales y los riego en forma de prosa sobre tu piel, tu cuello, tus labios, tus lagrimales, vaya, hasta en tu sexo te he escrito los mejores poemas con mi lengua...

Café de ti


... Y como un café que solía ser humeante, en algún momento nos enfriamos, dejamos de querernos, de sentirnos. Nos disolvimos en el frío, nos perdimos entre la espuma, nos bañamos en el olvido. Y como un café amargo, pronto se nos terminó la dulzura, volviendonos tristes, idiotas, inconformes, ... Y que de ser mi trago preferido, pasaste a ser el menos querido, porque el mal sabor de boca nada me lo quita; Sabor amargo, nostálgico, crudo, en el que no te siento, ya no te siento más, pero te recuerdo... Y pensar que un día figurabas perfecto en mis pensamientos cuando de embriagarme de ti se trataba. 

11/10/15

Gigante.



¿Cuánto tiempo ha pasado ya desde la última vez que te pensé o que te miré retroceder en el tiempo al divagar entre la cuna de mis recuerdos? Hoy me acordé de ti, al mirar el reloj y el calendario, al darme cuenta de que poco menos falta para que me de cuenta de que ya te he enterrado bajo el polvo del ayer.
Solíamos ser dos gigantes en un mundo de pequeños, dabamos pasos enormes y compartíamos las mismas aficiones. Veo difícil el encontrarte otra vez, a pesar de que eres otro gigante más en este mundo tan minimalista. Quizá me he hecho ya de la vista gorda y me niego a verte de nuevo y de seguir tus huellas.
Solíamos ser iguales en un mundo de desiguales y eramos a la vez el contraste perfecto, tan sólo verde y rojo. Rojo y verde, nuestros colores, nuestra bandera ¿Te acuerdas? Pero hoy no queda más que polvo, tierra, memorias a blanco y negro y un agujero en el pecho.
Nos dejamos cuando solíamos ser dos gigantes que convertían las montañas en pozos, las estrellas en luciernagas de noche, la tierra en barro y lloviamos juntos y nuestros días se volvían más soleados cuando caminabamos tomados de la mano, pero hoy nuestro sol ya no sale más, y entre nosotros, no hay más que un mar de tormentos, gritos de noche y relámpagos que como flashbacks me devuelven a ti sin quererlo en tiempos como estos.
...
Te escribe quien fue alguna vez tu gigante, desde algún rincón del universo, lejos, muy lejos, porque ya no pertenecemos más al mismo mundo, a la misma sintonía.