9/11/15

Noviembre


Era un día ventoso de noviembre, caminabamos de la mano sobre el asfalto de calles varias que aún desconocíamos. La ciudad de día nos hacia sentir tan inutilmente pequeños.
Tu mano tomada de la mía danzaban al mismo compás, y tú que hablabas mientras yo divagaba entre los movimientos de tus labios, el timbre de tu voz, el color marrón de tus ojos, las olas que se formaban en tu cabello al soplar el viento. Y tú hablabas, y yo seguía totalmente perdida en ti.
Y de pronto, siento que contigo me vuelvo un enredo, porque me provocas tanto, y tantas cosas que no sabría cómo explicar.
Quiero zarpar entre los lagos marrones de tus ojos, escabullirme entre tus comisuras, dormir junto a ti, despertar en otro sueño a tu lado, deshacer los huecos de tus dedos al abrazarse nuestras manos haciendo un mismo nudo.

Y tú sigues hablando, y yo te escucho, con el sentimiento de no querer detenerte jamás, porque tu voz me es calma, tu voz me encanta. Tú me encantas. Y ¿si ya te lo he dicho mil veces qué? No me canso de repetirlo, de sentirlo, de que te quiera tanto, pero tanto que, total... Me cuesta evadirlo...