3/5/16

Fruto de la discordia 01 09 11

Lo que tú y yo fuimos, no fue más que un secreto, una tregua entre dos almas que ya pertenecían a otra y sin embargo nos queríamos el uno con el otro, más ninguno se atrevió nunca a decir nada. Mis vagos deseos de besar tus labios, de lamerlos y morderlos, me hormigueaban la conciencia, por desearte a ti, teniendo ya otros labios que besar. Tensión sexual. Fuiste el fruto de la discordia al que nunca pude llegar a tocar más que en mis crueles fantasías y mis sueños vagabundos. Te deseé, me deseaste, y nada nos ocurrió nunca, aunque así lo quisimos...
Tú, un hombre petulante de lengua larga, tan listo como el mismísimo Diablo, me seduciste aún y careciendo de un rostro o cualidades del todo presumibles.
Tu voz. Oigo tu voz, y aun recuerdo su timbre y las cosas que me decías, lo diminuta que me sentía entre tus brazos. Y te deseaba, ¡Dios! Es que tanto te deseaba pero no me atrevía jamás a decir nada y prefería aferrarme a otros brazos, a otros labios que sin más, algún día me abandonarían, del mismo modo que tú lo hiciste cuando yo te alejaba de mí, de mi boca, de mis brazos, de mis deseos, ¡De todo yo te alejaba! ... Y no te quería, es que nunca te quise, y sin embargo, te deseaba, tanto, tanto te deseaba... Qué aún hoy guardo y resguardo el único tesoro que me diste, que si algún día lo recuerdas, sabrás que de ti hablo entre estas claras líneas, "Por que no hay mejor guardián que las palabras..." ¿Lo recuerdas...?

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