6/7/17

La maldición de una mente depresiva


Te levantas, miras el reloj. Es hora de levantarte, de iniciar la jornada. No quieres moverte, no has dormido bien, desearías no tener que salir de tu cama ese día, ni los siguientes.
Cierras los ojos unos segundos y cuando los abres resulta ser que se te ha hecho tarde. Te levantas a toda prisa. No desayunas, te pones lo primero que miras. No te importa si te has puesto la misma ropa de ayer o si acaso estaba sucia.
Arrancas el auto, te quejas del tráfico, sigues adelante, un carro se te atraviesa y gritas maldiciones al aire.
Llegas a tu destino, escuela/trabajo/lo que sea. Ya tienes mala reputación por siempre llegar tarde.
Te sientas en tu butaca/cubículo y mal trabajas en lo tuyo, distrayéndote sin remedio por cada mínima estupidez que te pasa por la mente. Y pasan los minutos, las horas, eres lento, los demás acaban antes que tú, desearías poder irte ya, meterte en tu cama, no salir, no salir de nuevo, no mirar la luz, sellar la ventana con tus cortinas de humo negro, dormir, dormir profundamente. Quizá incluso deseas ya no despertar.
Y cada día es lo mismo, las llegadas tarde, las maldiciones al aire en el tráfico, el insomnio de noche, la lentitud en la que trabajas, tus deseos irrefutables de abrazarte a la soledad de tu cama, ni siquiera te importa darle el "buenos días" cada día a tu pareja, ya sea que vivan juntos o por medio de un mensaje que rompa las distancias entre ambos. Te decaes con el pasar de los días, ya ni siquiera te esfuerzas en mirar el reloj, todas las horas son iguales, grises, amargas, odiosas, te pesan más de lo que puedes soportar, y sientes ira, tristeza, impotencia, una mezcla de sentimientos y emociones que forman torbellinos y nudos en tu interior, volviéndote inerte, un cadáver en vida, agusanado por las circunstancias, roído por los años, por el maltrato propio, por la tristeza misma...

Rueda de palabras

Hay algo en mí que me mantiene atada a ti, como si de alguna clase de hilo invisible que nos uniera todo el tiempo se tratase, como si pudiera sentirte aún estando lejos, como si cada vez que pensara en ti, tú también lo hicieras.
Hay algo en mí que sin saber cómo, me vuelve frágil frente a ti, como si con la mirada tú desnudaras mi alma y pudieras escarbar entre cada una de mis debilidades, mis defectos y encontraras entre ellos cada uno de mis lados más amables.
No sabría describir todo lo que siento cuando me encuentro junto a ti, es una sensación distinta, tan pasiva como activa pues quiero darte todo y simplemente mi terrible mundanidad me lo impide, como si de una cárcel se tratase.
Quisiera que supieras todo lo que te quiero, que sintieras todo lo que siento, pues sólo así entenderás lo mucho que te deseo...

Joder. Ya ni siquiera me salen las palabras...
Te amo tanto.